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El ser humano y el planeta Tierra están en un cruce de caminos con muchas
decisiones importantes pendientes. Es cada vez más evidente que existen
dos mundos simultáneos, uno que se está cayendo y otro que está siendo
construido. Existe una piedra antiquísima llamada por los Hopi (tribu
indígena del EEUU) “la piedra de la profecía” en que se ven grabados
claramente los dos caminos (o mundos) del ser humano en esta época.. La
situación es delicada porque tenemos un pie anclado en el mundo viejo y el
otro pie intentando plantarse en el suelo del mundo nuevo. Pero, el
fundamento del mundo nuevo todavía no está en su lugar y los patrones del
mundo viejo están grabados fuertemente en nosotros anclándonos al mundo
viejo.

Los físicos quánticos dicen que el ser humano lleva en su ADN la memoria
del Big Bang.
Si es así, también llevamos toda la historia de nuestros
linajes matriarcal / patriarcal. Una de los factores que nos mantiene
atados al mundo viejo es una cuestión de genética. Llevamos en nosotros
creencias, patrones y conductas de nuestros antepasados que necesitan ser
atendidas. Estamos influenciados por la carga genética que distorsiona
nuestra perspectiva de todo.
Por ejemplo: Cuando tenemos miedo: ¿Cuánto de
este miedo pertenece a la situación actual en que nos encontramos? ¿Cuánto
de este miedo es algo que hemos heredados de nuestros abuelos? Las buenas
noticias son que hay dos factores importantes a nuestro favor; 1) nuestros
abuelos están esperando la oportunidad de sanar sus temas, y 2) el planeta
y la época nos apoya profundamente en este proceso.
Brian Swimme, un físico quántico del EEUU
explica que si fuera posible eliminar todo el espacio vació de un ser
humano lo que quedaría seria el tamaño de un puñadito de arena. Dicho en
otra forma, si pudiéramos amplificar un átomo del ser humano al tamaño de
un estadio de fútbol, el núcleo seria más pequeño que un balón, y el resto
sería espacio vació. De hecho, los átomos, células, huesos, músculos están
compuestos todos de energía. Teniendo eso en cuenta, tiene sentido que con
las terapias energéticas (Arolo, Reiki, Cráneo Sacral, Geometría Sagrada,
etc.) se puede conseguir tratar las cargas heredadas de nuestros
antepasados.
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A los
terapeutas les aconsejaría, tener en cuenta la presencia de los
antepasados de sus clientes mientras le están ofreciendo una terapia (el
linaje maternal de las mujeres y el linaje paternal de los hombres).
Cuando esté trabajando con la persona que piense que está sanando también
a sus antepasados. Manteniendo la presencia de los antepasados profundiza
notablemente cualquiera terapia energética. Imaginar que se está
trabajando con los antepasados a nivel celular a través del ADN, a nivel
psicológico en forma de patrones sociales heredados o incluso a nivel
espiritual con sus almas.
Por otro parte, también heredamos el potencial escondido de nuestros
abuelos / as. Cuantas mujeres en nuestro linaje maternal podrían haber
tenido el Don de la sanación, pero por la época no se atrevieron a
aprovecharlo. A lo mejor otro abuelo tenia pasiones y talentos creativos
(musicales, pintura, canto, etc.) pero sencillamente no disponían del lujo
de tiempo libre para desarrollarlo. Una pasión, un fuerte deseo o un
talento no-realizado también puede ser heredado.
Nueve niños hicieron amistad durante las paraolimpiadas de 1998 en Seattle
(EEUU). Una mañana se encontraron compitiendo juntos en el mismo evento.
La pistola disparó y empezaron a correr. Un niño con síndrome de Downs se
cayo al principio y tenía dificultades para ponerse de pie de nuevo. Otro
de los niños miro hacia atrás, vio a su amigo caído y volvió para
ayudarle. De repente, los otros jóvenes empezaron a darse cuenta de lo que
estaba ocurriendo y todos volvieron para ayudar al primero que se había
caído. Los jóvenes se encontraron de nuevo en el sitio donde empezaba la
carrera, enlazaron sus brazos y caminaron hasta el final. Estos niños
re-definieron el sentido de la palabra “ganar.” No tenia sentido llegar al
final de la carrera sin sus compañeros.
Es lo mismo con nuestros antepasados. Si atendemos a lo que queda
pendiente la barrera se abre frente a nosotros y nos libera del peso del
mundo viejo. Como estos jóvenes debemos ir “atrás”, enlazar nuestros
brazos con los de nuestros abuelos y caminar todos juntos, hacia un nuevo
horizonte, un lugar donde se puede alcanzar el potencial escondido de todo
el linaje para, por turnos, compartirlo con los demás.
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